Una montaña de piedras en la vereda Maravelez, un sitio ubicado en la parte alta del municipio de Suárez en el departamento del Cauca, sur de Colombia. Este es el lugar de encuentro de varias mujeres que están a la espera del minero del socavón quien les obsequia, en común acuerdo, de dos a cuatro “viajes” cargados de rocas. Su alegría va en aumento cuando llega, con rapidez, aquella carretilla dejando caer su contenido en aquella montaña grisácea.
Las mujeres comienzan a seleccionar entre las rocas: las lavan, las pesan en sus manos, las miran e incluso algunas hasta las huelen. Usan herramientas como el almocafre (una especie de azadón) para separar el material. Toman un martillo y golpean la roca hasta que tenga la forma, peso y color deseado. Allí, el mineral precioso que da sustento a sus vidas es vagamente descubierto. Recogen lo seleccionado y lo depositan en baldes, costales o “estopas” – como le dicen en algunas zonas de Colombia – para obtener entre tres o cuatro bultos semanales.
En Colombia, las mujeres que realizan esta actividad se autodenominan seleccionadoras de mineral o chatarreras, mientras que en Ecuador se identifican como jancheras y en Perú son conocidas, coloquialmente, como pallaqueras. (1)
Sénides Lucumí Mina es una de ellas; oriunda de Suárez, Cauca, esta mujer conoce la minería tradicional desde los 10 años y la describe como su vida:
"Soy una minera orgullosa, primero porque es algo que veía practicar a mis padres y me gusta, pero también porque es la fuente de ingresos para mi hogar.”
Ya con los bultos recogidos, Sénides los transporta a caballo, chivas (un transporte comúnmente usado en Colombia) o unos pequeños carros tradicionales de su región por 4 mil pesos colombianos (USD 1.5). Llega al entable o centro de procesamiento del mineral, y solicita permiso al dueño del lugar para que le permita transformar las rocas seleccionadas. El objetivo es que, luego de unas 4 o 5 horas entre trituración, lavado y procesamiento en los barriles, ella pueda obtener, por lo menos, uno o dos gramos de oro. Si corre con suerte, puede sacar más.
Teniendo en cuenta que realiza una actividad informal y que la venta de su material dependerá, además, de su capacidad de negociación, Sénides podrá vender su oro pero por un valor incluso 40% menor al precio internacional. (2)
Según referencia del Ministerio de Minas y Energía de Colombia, el 70% de las mujeres de San Roque (Antioquia) se dedican a la minería de subsistencia y el 57% de ellas perciben entre medio y un salario mínimo, a diferencia de los hombres, donde el 72% obtiene más de un salario mínimo. (3)
A lo anterior se suma el hecho de que muchas de las mujeres realizan la minería tradicional de manera intermitente, dividiendo su tiempo entre el trabajo doméstico y de cuidado, al que le invierten 25 horas semanales con respecto a las 5 horas que destinan los hombres. (4)
Esta amplia brecha de género también se evidencia en el acceso laboral de las mujeres en la pequeña minería donde, generalmente, muchas de ellas –como Sénides- deben dedicarse a oficios como el chatarreo (selección de mineral), barequeo u otros oficios independientes, informales y con condiciones sin cobertura de servicios sociales. (5)
Una de las principales fuentes de emisiones de mercurio en el ambiente es la actividad de la pequeña minería y minería de subsistencia representando cerca del 35% del total de liberaciones de mercurio en el mundo. Los hombres y las mujeres que se dedican a esta actividad utilizan el mercurio para formar una amalgama con el mineral que tiene oro y posteriormente es fundida a altas temperaturas. En este proceso, el oro se desprende y el mercurio se desecha al suelo, a las quebradas o a los ríos.
Cuando la amalgama es fundida, partículas de mercurio quedan en el aire y son luego inhaladas y absorbidas por los pulmones y la piel, no solo de los mineros y las mineras sino de la población infante, joven, adulta y adulta mayor que se encuentran en las comunidades cercanas a estas actividades.
Muchas de las mujeres que trabajan en la minería de subsistencia se encuentran en edad fértil, es decir, están entre los 15 y 49 años. (6) Las gestantes tienen mayor vulnerabilidad y riesgo latente ante la exposición al mercurio porque si llegan a estar contaminadas con este elemento tóxico, éste se traspasará por la placenta al feto causando afectaciones al desarrollo adecuado de su sistema neurológico. (7)
Estas vulnerabilidades son algunos de los temores de muchas mujeres al escuchar los peligros del uso del mercurio. Cuando a Sénides se le pide dibujar sobre éste, plasma en una imagen la figura de ella misma con una batea, el oro y la ilustración del azogue como unos puntos oscuros que le cambian la expresión de su rostro, una apariencia de terror.
“Yo soy minera porque es algo que llevo en la sangre. Ha sido la tradición de mi familia y se ha convertido en mi vida. Quiero que se recupere la minería de mis ancestros, una minería limpia, libre del azogue que tanto nos ha hecho daño a nuestros ríos, a nuestra tierra y a nuestra propia vida”, expresa Sénides Lucumí Mina.
El mercurio es un producto químico que se obtiene luego de que el mineral de cinabrio, de origen natural, es sometido a altas temperaturas y concentraciones que dan paso al líquido plateado que en algunas regiones también se le conoce como azogue. Este elemento tóxico, que se ha utilizado en variados productos como los termómetros de antaño, las lámparas fluorescentes, los interruptores, las baterías y las amalgamas dentales; éste, fue el tema central del Convenio de Minamata de 2017, un tratado internacional para proteger la salud humana y el medio ambiente de este metal contaminante.
En concordancia con este convenio y con el objetivo de facilitar estrategias que ayuden mejorar las condiciones de vida de los pequeños mineros y mineras, actualmente se adelanta el programa planetGOLD, financiado con fondos del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF) en los países: Burkina Faso, Kenya, Indonesia, Filipinas, Mongolia, Guyana, Ecuador, Perú y Colombia. En este último, la iniciativa es implementada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; en ejecución con el Ministerio de Minas y Energía, con la participación de los Ministerios de Ambiente y Salud.
En julio de 2018, entró en vigencia la Ley 1658 de 2013 que prohibe el uso del mercurio en la minería de oro en Colombia. Un año después, el gobierno ratificó el Convenio de Minamata, afirmando el compromiso del país en la búsqueda de regular las emisiones y liberaciones de mercurio en el mundo, así como enfrentar sus amenazas.
A una década de acción para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y transformar el mundo, el proyecto planetGOLD Colombia implementará, durante los próximos cuatro años, acciones dirigidas a superar varios de los principales desafíos sobre medio ambiente, salud humana e igualdad de género, donde mineros y mineras recibirán apoyo mediante la asistencia técnica, transferencia de tecnología, alianzas público-privadas, acceso a financiamiento de tecnologías limpias, sensibilización y estrategias de comunicación sobre los peligros del uso de mercurio. Todo esto, integrando la dimensión de género y enfoque diferencial para que mujeres como Sénides hagan parte del reto conjunto de lograr una Colombia libre de mercurio.
(1) También conocidos en algunas regiones de Latinoamérica como cocos, chanchas, molinos de bolas o quimbaletes. (2) Minería informal aurífera en Colombia, Fededesarrollo, BID; febrero 2014 (3) Censo minero realizado en el municipio de San Roque del departamento de Antioquia. Según datos recientes, el municipio cuenta con una población de 17.958 habitantes y con base en esta cifra se realize el censo. Referencia del documento: Lineamientos de Género para el Sector Minero Energético (4) Lineamientos de género para el sector minero energéticos, Ministerio de Minas y Energía Col., marzo 2020 (5) ARM, 2018, citado por Ministerio de Minas y Energía de Colombia, 2020 (6) Política nacional de sexualidad y derechos sexuales y derechos reproductivos, Ministerio de Salud Col., 2012 (7) Mercury in women of child bearing -age in 25 countries, Global Report, BRI & IPEN, September 2017
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